“El hombre es el único que es tal como se concibe y tal como sePor: Claudia Guzmán* - Alexánder Cardona
quiere”.
Jean Paul Sartre.
Se nos ha pedido elaborar un artículo que haga referencia a las cualidades humanas, en honor a la verdad, sensatez y ponderación en los criterios, desde una mirada amplia e interdisciplinaria trataremos de responder a esta inquietud.
Etimología:
La palabra cualidad etimológicamente procede del latín qualitas,-atis, a través del latín vulgar qualitate, compuesto del lexema qual-, homófono a un pronombre relativo de tercera persona y del morfema derivativo -(i)tas, -(i)tatis, que aparece en castellano como -(i)dad y que sirve para construir sustantivos abstractos que aluden a la esencia o a la forma de ser un grupo de seres vivos u objetos.
Noción:
Podemos entender por cualidad a cada uno de los rasgos naturales o adquiridos que diferencian a los seres animados e inanimados del resto de seres u objetos. En el caso de objetos pueden ser las propiedades físicas, químicas, etc, que los describen, y en el caso de los seres humanos el diccionario define cualidad como la manera de ser de alguien, que en general esta ligado a rasgos generalmente positivos, por ejemplo. Las cualidades de una persona creativa, de una persona triunfadora, etc, y el antónimo sería un defecto.
Una mirada desde la historia
A través de la historia del pensamiento, las cualidades fueron entendidas por los griegos como la habilidad para pensar, y tener las destrezas físicas para tener un cuerpo sano y una mente sana, no así para los romanos de los primeros siglos, pues las cualidades estaban relacionadas con la disciplina, la república, el senado, los cónsules, procónsules, los legionarios y el amor a las leyes y a la polis. En el edad media, las cualidades fueron asociadas con el cumplimiento del decálogo y el nuevo mandamiento del amor, pues ello redundaba en bienes temporales, justicia, dones y carismas, personales y sociales. En la edad moderna, el auge del racionalismo y antropocentrismo en contraposición al teocentrismo, hace que germine una ética civil, asociada a los comportamientos producto de un manejo adecuado de las buenas maneras, los buenos modales, cualidades y la educación propia de los nobles. Hoy según algunos sociólogos, la sociedad actual vive en la anomia, es decir, una subversión de los valores, y deterioro de las cualidades humanas en muchos hombres y mujeres, en parte por un nuevo orden geopolítico en el mundo.
Una Aproximación interdisciplinaria
Una aproximación al término de las cualidades humanas desde la visión antropológica contemporánea que en su concepción del ser humano, entiende como integralidad, totalidad, o pluridimensionalidad, es decir, el hombre y la mujer como seres íntegros dotados de dimensiones que los posibilitan para ser en el mundo. Dentro de estas dimensiones: ética, trascendente, social, sexual, psicoafectiva, y biopsicosocial, se encuentran estas cualidades, que potenciadas benefician a la persona, a la sociedad y al mundo.
Desde el punto de vista sociológico, las cualidades humanas son objeto de estudio, a partir de la incidencia de estas, en algunos individuos y la sociedad, y como estos rasgos bien trabajados en ciertos tipos de personas, generan hombres líderes, mediadores, trasformadores de conglomerados sociales y del mundo, o claro está, en sentido negativo, también estos aspectos pueden gestar líderes negativos.
Según la Constitución Nacional de la República de Colombia, las cualidades de los ciudadanos, hacen parte del libre desarrollo de la personalidad y atentar contra ellas es atentar contra el libre desarrollo de la misma, la integridad y honra al cual tienen derecho cada uno de los colombianos .
Asimismo, la psicología evolutiva sostiene que las cualidades de las personas hacen parte de la esfera libre del yo, y ayudan a el equilibrio homeostático, propio de la persona madura.
Para la psiquiatría la personalidad, hace referencia a las características o rasgos estables de un individuo, que se muestran en su forma de comportarse en diferentes circunstancias, determinando los elementos más sobresalientes en el individuo, es cierto que aun en las personalidades anormales existen algunas características positivas que pueden resaltarse con el fin de potenciarlas terapéuticamente. Aunque la personalidad es patrimonio de la adultez, es necesario reconocer que a través de las etapas del desarrollo infantil se estructuran los rasgos mas sobresalientes que van a enmarcar al individuo adulto, donde se destacan factores hereditarios y ambientales que van a determinar al ser humano maduro, si bien existen determinantes genéticos en el individuo, el ambiente familiar y extrafamiliar o social, permite un desarrollo sano de la personalidad, y de las cualidades o rasgos inmersos dentro de de esta estructura.
Desde el punto de vista evolutivo para progresar desde la dependencia completa neonatal hasta la independencia, los niños necesitan un ambiente familiar estable y seguro, en el que sean aceptados, amados y tratados con una disciplina consistente, que permita potencializar sus rasgos básicos y sus cualidades, siendo cada vez mas importantes los factores ambientales de extra familiares, a medida que el niño crece y pasa mas tiempo fuera del núcleo familiar, en donde las actitudes de otros niños, profesores y adultos cercanos, ejercen influencia positiva o negativa, de tal manera que el desarrollo de las cualidades humanas va ligado al desarrollo evolutivo, al desarrollo de la personalidad y al desarrollo de una sociedad y su capital social e formación. Las cualidades de los individuos son patrimonio de la cultura y al ambiente social en que se desenvuelven las personas.
Una Crítica
La globalización y el capitalismo salvaje, la posmodernidad, -para algunos, mientras que para otros no existe, o no es ni un movimiento- el auge de las nuevas tendencias informáticas, los medios de comunicación unidireccionales e interactivos, la comunicación satelital, o por fibra óptica, mal entendida, a despersonalizado a gran parte de la humanidad, pues ha socializado y esteriotipado modelos falsos de realización, pues vende y absolutiza los seudo valores comercializados en telenovelas, galanes y divas de turno, que en muchas ocasiones desdice de las verdaderas y auténticas cualidades y valores, puesto que, algunos medios de comunicación creen y hacen creer que cantar, actuar, ser irreverente, son las cualidades que importan y las que venden y hacen dinero, -en parte es cierto- en una economía utilitarista hoy- lo que es ciertamente desproporcionado y no son las verdaderas cualidades importantes en la existencia.
¿Cuál es entonces el problema de las cualidades hoy? Pues parece ser amplio los matices relacionados con este tema, no se trata de siquiatrizar, sicologizar, ser reductivo, simplificar, ser totalitarista, o ir en contravía del derecho, ni mucho menos hacer una colcha de retazos sobre el tema.
De lo que se trata es de volver la mirada ponderadamente sobre lo que es un bien personal, que la mayoría de los seres humanos poseen, y sin ser sobredimensionado y ha de valorarse moderadamente.
Saber que es lo que piensa la mayoría de las personas, es ciertamente una tarea titánica, ambigua y nada simple,-tal vez utópica- puesto que no es simple llegar con un discurso universal a personas particulares, únicas e irrepetibles y decirles algo que tenga que ver con sus cualidades y realidad personal, este es el verdadero problema. Sin el ánimo de generalizar, las cualidades bien enfocadas ennoblecen, hacen mejor a una persona, la hace útil a Dios, a la patria, y a la sociedad, mal enfocadas las cualidades, o no asumidas, no explotadas tristemente menguan el potencial humano que reside en cada persona.
Algunos filósofos existencialistas, quienes pensaron sobre la grandeza y miseria presupuestos desde los cuales se puede entender la realidad de la cualidad del hombre y la mujer, por ello, somos inconclusos, inacabados, en obra negra, proyectos a realizar en la historia, en últimas tarea, y como actividad estamos en condición de posibilidad de ser y desarrollarnos en la ambivalencia, polisemia y misterio que es el ser humano.
La teología moral comprende a las cualidades desde la axiología y las virtudes, en un marco de de la ética cristiana, que posibilita al creyente para ponerlas al servicio y la extensión del Reino de Dios, pues, los dones, talentos, carismas, son regalos de Dios.
El derecho canónico dice que en los creyentes hay igualdad en cuanto la dignidad distinción en cuanto a la función , es decir, igual entendido desde el presupuesto de imagen y semejanza de Dios y distinción en cuanto a las cualidades dones, talentos, y habilidades, dados por la divinidad, que inhabita a los creyentes en estado de gracia.
Una propuesta desde el magisterio de la Iglesia Católica
Dignidad de la inteligencia, verdad y sabiduría
Tiene razón el hombre, participante de la luz de la inteligencia divina, cuando afirma que por virtud de su inteligencia es superior al universo material. Con el ejercicio infatigable de su ingenio a lo largo de los siglos, la humanidad ha realizado grandes avances en las ciencias, en el campo de la tecnológico y en la esfera de las artes liberales. Pero en nuestra época ha obtenido éxitos extraordinarios en la investigación y en el dominio del mundo material. Siempre, sin embargo, ha buscado y ha encontrado una verdad más profunda. La inteligencia no se ciñe solamente a los fenómenos. Tiene capacidad para alcanzar la realidad inteligible con verdadera certeza, aunque a consecuencia del pecado esté parcialmente oscurecida y debilitada. La naturaleza intelectual de la persona humana se perfecciona y debe perfeccionarse por medio de la sabiduría, la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la búsqueda y al amor de la verdad y del bien. Imbuido por ella, el hombre se alza por medio de lo visible hacia lo invisible.
Nuestra época, más que ninguna otra, tiene necesidad de esta sabiduría para humanizar todos los nuevos descubrimientos de la humanidad. El destino futuro del mundo corre peligro si no forman hombres más instruidos en esta sabiduría. Debe advertirse a este respecto que muchas naciones económicamente pobres, pero ricas en esta sabiduría, pueden ofrecer a las demás una extraordinaria aportación. Con el don del Espíritu Santo, el hombre llega por la fe a contemplar y saborear el misterio del plan divino.
Grandeza de la libertad
La orientación del hombre hacia el bien sólo se logra con el uso de la libertad, la cual posee un valor que nuestros contemporáneos ensalzan con entusiasmo. Y con toda razón. Con frecuencia, sin embargo, la fomentan de forma depravada, como si fuera pura licencia para hacer cualquier cosa, con tal que deleite, aunque sea mala. La verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre, la autentica libertad esta encaminada a ejercer la voluntad si sobrepasar los derechos y la integralidad de los demás, y Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisión para que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a éste, alcance la plena y bienaventurada perfección.
La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberado totalmente de la cautividad de las pasiones, tiende a su fin con la libre elección del bien y se procura medios adecuados para ello con eficacia y esfuerzo crecientes. La libertad humana, herida por el pecado, para dar la máxima eficacia a esta ordenación a Dios, ha de apoyarse necesariamente en la gracia de Dios. Cada cual tendrá que dar cuenta de su vida ante el tribunal de Dios según la conducta buena o mala que haya observado.
Interdependencia entre la persona humana y la sociedad
La índole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados. porque el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social. La vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental. Por ello, a través del trato con los demás, de la reciprocidad de servicios, del diálogo con los hermanos, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocación. De los vínculos sociales que son necesarios para el cultivo del hombre, unos, como la familia y la comunidad política, responden más inmediatamente a su naturaleza profunda; otros, proceden más bien de su libre voluntad.
En nuestra época, por varias causas, se multiplican sin cesar las conexiones mutuas y las interdependencias; de aquí nacen diversas asociaciones e instituciones tanto de derecho público como de derecho privado. Este fenómeno, que recibe el nombre de socialización, aunque encierra algunos peligros, ofrece, sin embargo, muchas ventajas para consolidar y desarrollar las cualidades de la persona humana y para garantizar sus derechos.
Mas si la persona humana, en lo tocante al cumplimiento de su vocación, incluida la religiosa, recibe mucho de esta vida en sociedad, no se puede, sin embargo, negar que las circunstancias sociales en que vive y en que está como inmersa desde su infancia, con frecuencia le apartan del bien y le inducen al mal. Es cierto que las perturbaciones que tan frecuentemente agitan la realidad social proceden en parte de las tensiones propias de las estructuras económicas, políticas y sociales. Pero proceden, sobre todo, de la soberbia y del egoísmo humanos, que trastornan también el ambiente social. Y cuando la realidad social se ve viciada por las consecuencias del pecado, el hombre, inclinado ya al mal desde su nacimiento, encuentra nuevos estímulos para el pecado, los cuales sólo pueden vencerse con denodado esfuerzo ayudado por la gracia.
La promoción del bien común
La interdependencia, cada vez más estrecha, y su progresiva universalización hacen que el bien común -esto es, el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección- se universalice cada vez más, e implique por ello derechos y obligaciones que miran a todo el género humano. Todo grupo social debe tener en cuenta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos; más aún, debe tener muy en cuenta el bien común de toda la familia humana. Crece al mismo tiempo la conciencia de la excelsa dignidad de la persona humana, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables. Es, pues, necesario que se facilite al hombre todo lo que éste necesita para vivir una vida verdaderamente humana, como son el alimento, el vestido, la vivienda, el derecho a la libre elección de estado, a fundar una familia, a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto, a una adecuada información, a obrar de acuerdo con la norma recta de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad también en materia religiosa.
El orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario. El propio Señor lo advirtió cuando dijo que el sábado había sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. El orden social hay que desarrollarlo a diario, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia y vivificarlo por el amor. Pero debe encontrar en la libertad un equilibrio cada día más humano. Para cumplir todos estos objetivos hay que proceder a una renovación de los espíritus y a profundas reformas de la sociedad. El Espíritu de Dios, que con admirable providencia guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, no es ajeno a esta evolución. Y, por su parte, el fermento evangélico ha despertado y despierta en el corazón del hombre esta irrefrenable exigencia de la dignidad.
Es propio de la persona humana el no llegar a un nivel verdadera y plenamente humano si no es mediante la cultura, es decir, cultivando los bienes y los valores naturales. Siempre, pues, que se trata de la vida humana, naturaleza y cultura se hallen unidas estrechamente. Con la palabra cultura se indica, en sentido general, todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el género humano. De aquí se sigue que la cultura humana presenta necesariamente un aspecto histórico y social y que la palabra cultura asume con frecuencia un sentido sociológico y etnológico. En este sentido se habla de la pluralidad de culturas.
Estilos de vida común diversos y escalas de valores diferentes encuentran su origen en la distinta manera de servirse de las cosas, de trabajar, de expresarse, de practicar la religión, de comportarse, de establecer leyes e instituciones jurídicas, de desarrollar las ciencias, las artes y de cultivar la belleza. Así, las costumbres recibidas forman el patrimonio propio de cada comunidad humana. Así también es como se constituye un medio histórico determinado, en el cual se inserta el hombre de cada nación o tiempo y del que recibe los valores para promover la civilización humana .
Hay que armonizar diferentes valores en el seno de las culturas
Por las razones expuestas, la Iglesia recuerda a todos que la cultura debe estar subordinada a la perfección integral de la persona humana, al bien de la comunidad y de la sociedad humana entera. Por lo cual es preciso cultivar el espíritu de tal manera que se promueva la capacidad de admiración, de intuición, de contemplación y de formarse un juicio personal, así como el poder cultivar el sentido religioso, moral y social. Porque la cultura, pro dimanar inmediatamente de la naturaleza racional y social del hombre, tiene siempre necesidad de una justa libertad para desarrollarse y de una legítima autonomía en el obrar según sus propios principios. Tiene, por tanto, derecho al respeto y goza de una cierta inviolabilidad, quedando evidentemente a salvo los derechos de la persona y de la sociedad, particular o mundial, dentro de los límites del bien común.
Noción:
Podemos entender por cualidad a cada uno de los rasgos naturales o adquiridos que diferencian a los seres animados e inanimados del resto de seres u objetos. En el caso de objetos pueden ser las propiedades físicas, químicas, etc, que los describen, y en el caso de los seres humanos el diccionario define cualidad como la manera de ser de alguien, que en general esta ligado a rasgos generalmente positivos, por ejemplo. Las cualidades de una persona creativa, de una persona triunfadora, etc, y el antónimo sería un defecto.
Una mirada desde la historia
A través de la historia del pensamiento, las cualidades fueron entendidas por los griegos como la habilidad para pensar, y tener las destrezas físicas para tener un cuerpo sano y una mente sana, no así para los romanos de los primeros siglos, pues las cualidades estaban relacionadas con la disciplina, la república, el senado, los cónsules, procónsules, los legionarios y el amor a las leyes y a la polis. En el edad media, las cualidades fueron asociadas con el cumplimiento del decálogo y el nuevo mandamiento del amor, pues ello redundaba en bienes temporales, justicia, dones y carismas, personales y sociales. En la edad moderna, el auge del racionalismo y antropocentrismo en contraposición al teocentrismo, hace que germine una ética civil, asociada a los comportamientos producto de un manejo adecuado de las buenas maneras, los buenos modales, cualidades y la educación propia de los nobles. Hoy según algunos sociólogos, la sociedad actual vive en la anomia, es decir, una subversión de los valores, y deterioro de las cualidades humanas en muchos hombres y mujeres, en parte por un nuevo orden geopolítico en el mundo.
Una Aproximación interdisciplinaria
Una aproximación al término de las cualidades humanas desde la visión antropológica contemporánea que en su concepción del ser humano, entiende como integralidad, totalidad, o pluridimensionalidad, es decir, el hombre y la mujer como seres íntegros dotados de dimensiones que los posibilitan para ser en el mundo. Dentro de estas dimensiones: ética, trascendente, social, sexual, psicoafectiva, y biopsicosocial, se encuentran estas cualidades, que potenciadas benefician a la persona, a la sociedad y al mundo.
Desde el punto de vista sociológico, las cualidades humanas son objeto de estudio, a partir de la incidencia de estas, en algunos individuos y la sociedad, y como estos rasgos bien trabajados en ciertos tipos de personas, generan hombres líderes, mediadores, trasformadores de conglomerados sociales y del mundo, o claro está, en sentido negativo, también estos aspectos pueden gestar líderes negativos.
Según la Constitución Nacional de la República de Colombia, las cualidades de los ciudadanos, hacen parte del libre desarrollo de la personalidad y atentar contra ellas es atentar contra el libre desarrollo de la misma, la integridad y honra al cual tienen derecho cada uno de los colombianos .
Asimismo, la psicología evolutiva sostiene que las cualidades de las personas hacen parte de la esfera libre del yo, y ayudan a el equilibrio homeostático, propio de la persona madura.
Para la psiquiatría la personalidad, hace referencia a las características o rasgos estables de un individuo, que se muestran en su forma de comportarse en diferentes circunstancias, determinando los elementos más sobresalientes en el individuo, es cierto que aun en las personalidades anormales existen algunas características positivas que pueden resaltarse con el fin de potenciarlas terapéuticamente. Aunque la personalidad es patrimonio de la adultez, es necesario reconocer que a través de las etapas del desarrollo infantil se estructuran los rasgos mas sobresalientes que van a enmarcar al individuo adulto, donde se destacan factores hereditarios y ambientales que van a determinar al ser humano maduro, si bien existen determinantes genéticos en el individuo, el ambiente familiar y extrafamiliar o social, permite un desarrollo sano de la personalidad, y de las cualidades o rasgos inmersos dentro de de esta estructura.
Desde el punto de vista evolutivo para progresar desde la dependencia completa neonatal hasta la independencia, los niños necesitan un ambiente familiar estable y seguro, en el que sean aceptados, amados y tratados con una disciplina consistente, que permita potencializar sus rasgos básicos y sus cualidades, siendo cada vez mas importantes los factores ambientales de extra familiares, a medida que el niño crece y pasa mas tiempo fuera del núcleo familiar, en donde las actitudes de otros niños, profesores y adultos cercanos, ejercen influencia positiva o negativa, de tal manera que el desarrollo de las cualidades humanas va ligado al desarrollo evolutivo, al desarrollo de la personalidad y al desarrollo de una sociedad y su capital social e formación. Las cualidades de los individuos son patrimonio de la cultura y al ambiente social en que se desenvuelven las personas.
Una Crítica
La globalización y el capitalismo salvaje, la posmodernidad, -para algunos, mientras que para otros no existe, o no es ni un movimiento- el auge de las nuevas tendencias informáticas, los medios de comunicación unidireccionales e interactivos, la comunicación satelital, o por fibra óptica, mal entendida, a despersonalizado a gran parte de la humanidad, pues ha socializado y esteriotipado modelos falsos de realización, pues vende y absolutiza los seudo valores comercializados en telenovelas, galanes y divas de turno, que en muchas ocasiones desdice de las verdaderas y auténticas cualidades y valores, puesto que, algunos medios de comunicación creen y hacen creer que cantar, actuar, ser irreverente, son las cualidades que importan y las que venden y hacen dinero, -en parte es cierto- en una economía utilitarista hoy- lo que es ciertamente desproporcionado y no son las verdaderas cualidades importantes en la existencia.
¿Cuál es entonces el problema de las cualidades hoy? Pues parece ser amplio los matices relacionados con este tema, no se trata de siquiatrizar, sicologizar, ser reductivo, simplificar, ser totalitarista, o ir en contravía del derecho, ni mucho menos hacer una colcha de retazos sobre el tema.
De lo que se trata es de volver la mirada ponderadamente sobre lo que es un bien personal, que la mayoría de los seres humanos poseen, y sin ser sobredimensionado y ha de valorarse moderadamente.
Saber que es lo que piensa la mayoría de las personas, es ciertamente una tarea titánica, ambigua y nada simple,-tal vez utópica- puesto que no es simple llegar con un discurso universal a personas particulares, únicas e irrepetibles y decirles algo que tenga que ver con sus cualidades y realidad personal, este es el verdadero problema. Sin el ánimo de generalizar, las cualidades bien enfocadas ennoblecen, hacen mejor a una persona, la hace útil a Dios, a la patria, y a la sociedad, mal enfocadas las cualidades, o no asumidas, no explotadas tristemente menguan el potencial humano que reside en cada persona.
Algunos filósofos existencialistas, quienes pensaron sobre la grandeza y miseria presupuestos desde los cuales se puede entender la realidad de la cualidad del hombre y la mujer, por ello, somos inconclusos, inacabados, en obra negra, proyectos a realizar en la historia, en últimas tarea, y como actividad estamos en condición de posibilidad de ser y desarrollarnos en la ambivalencia, polisemia y misterio que es el ser humano.
La teología moral comprende a las cualidades desde la axiología y las virtudes, en un marco de de la ética cristiana, que posibilita al creyente para ponerlas al servicio y la extensión del Reino de Dios, pues, los dones, talentos, carismas, son regalos de Dios.
El derecho canónico dice que en los creyentes hay igualdad en cuanto la dignidad distinción en cuanto a la función , es decir, igual entendido desde el presupuesto de imagen y semejanza de Dios y distinción en cuanto a las cualidades dones, talentos, y habilidades, dados por la divinidad, que inhabita a los creyentes en estado de gracia.
Una propuesta desde el magisterio de la Iglesia Católica
Dignidad de la inteligencia, verdad y sabiduría
Tiene razón el hombre, participante de la luz de la inteligencia divina, cuando afirma que por virtud de su inteligencia es superior al universo material. Con el ejercicio infatigable de su ingenio a lo largo de los siglos, la humanidad ha realizado grandes avances en las ciencias, en el campo de la tecnológico y en la esfera de las artes liberales. Pero en nuestra época ha obtenido éxitos extraordinarios en la investigación y en el dominio del mundo material. Siempre, sin embargo, ha buscado y ha encontrado una verdad más profunda. La inteligencia no se ciñe solamente a los fenómenos. Tiene capacidad para alcanzar la realidad inteligible con verdadera certeza, aunque a consecuencia del pecado esté parcialmente oscurecida y debilitada. La naturaleza intelectual de la persona humana se perfecciona y debe perfeccionarse por medio de la sabiduría, la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la búsqueda y al amor de la verdad y del bien. Imbuido por ella, el hombre se alza por medio de lo visible hacia lo invisible.
Nuestra época, más que ninguna otra, tiene necesidad de esta sabiduría para humanizar todos los nuevos descubrimientos de la humanidad. El destino futuro del mundo corre peligro si no forman hombres más instruidos en esta sabiduría. Debe advertirse a este respecto que muchas naciones económicamente pobres, pero ricas en esta sabiduría, pueden ofrecer a las demás una extraordinaria aportación. Con el don del Espíritu Santo, el hombre llega por la fe a contemplar y saborear el misterio del plan divino.
Grandeza de la libertad
La orientación del hombre hacia el bien sólo se logra con el uso de la libertad, la cual posee un valor que nuestros contemporáneos ensalzan con entusiasmo. Y con toda razón. Con frecuencia, sin embargo, la fomentan de forma depravada, como si fuera pura licencia para hacer cualquier cosa, con tal que deleite, aunque sea mala. La verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina en el hombre, la autentica libertad esta encaminada a ejercer la voluntad si sobrepasar los derechos y la integralidad de los demás, y Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisión para que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a éste, alcance la plena y bienaventurada perfección.
La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberado totalmente de la cautividad de las pasiones, tiende a su fin con la libre elección del bien y se procura medios adecuados para ello con eficacia y esfuerzo crecientes. La libertad humana, herida por el pecado, para dar la máxima eficacia a esta ordenación a Dios, ha de apoyarse necesariamente en la gracia de Dios. Cada cual tendrá que dar cuenta de su vida ante el tribunal de Dios según la conducta buena o mala que haya observado.
Interdependencia entre la persona humana y la sociedad
La índole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados. porque el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social. La vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental. Por ello, a través del trato con los demás, de la reciprocidad de servicios, del diálogo con los hermanos, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocación. De los vínculos sociales que son necesarios para el cultivo del hombre, unos, como la familia y la comunidad política, responden más inmediatamente a su naturaleza profunda; otros, proceden más bien de su libre voluntad.
En nuestra época, por varias causas, se multiplican sin cesar las conexiones mutuas y las interdependencias; de aquí nacen diversas asociaciones e instituciones tanto de derecho público como de derecho privado. Este fenómeno, que recibe el nombre de socialización, aunque encierra algunos peligros, ofrece, sin embargo, muchas ventajas para consolidar y desarrollar las cualidades de la persona humana y para garantizar sus derechos.
Mas si la persona humana, en lo tocante al cumplimiento de su vocación, incluida la religiosa, recibe mucho de esta vida en sociedad, no se puede, sin embargo, negar que las circunstancias sociales en que vive y en que está como inmersa desde su infancia, con frecuencia le apartan del bien y le inducen al mal. Es cierto que las perturbaciones que tan frecuentemente agitan la realidad social proceden en parte de las tensiones propias de las estructuras económicas, políticas y sociales. Pero proceden, sobre todo, de la soberbia y del egoísmo humanos, que trastornan también el ambiente social. Y cuando la realidad social se ve viciada por las consecuencias del pecado, el hombre, inclinado ya al mal desde su nacimiento, encuentra nuevos estímulos para el pecado, los cuales sólo pueden vencerse con denodado esfuerzo ayudado por la gracia.
La promoción del bien común
La interdependencia, cada vez más estrecha, y su progresiva universalización hacen que el bien común -esto es, el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección- se universalice cada vez más, e implique por ello derechos y obligaciones que miran a todo el género humano. Todo grupo social debe tener en cuenta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos; más aún, debe tener muy en cuenta el bien común de toda la familia humana. Crece al mismo tiempo la conciencia de la excelsa dignidad de la persona humana, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables. Es, pues, necesario que se facilite al hombre todo lo que éste necesita para vivir una vida verdaderamente humana, como son el alimento, el vestido, la vivienda, el derecho a la libre elección de estado, a fundar una familia, a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto, a una adecuada información, a obrar de acuerdo con la norma recta de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad también en materia religiosa.
El orden social, pues, y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario. El propio Señor lo advirtió cuando dijo que el sábado había sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. El orden social hay que desarrollarlo a diario, fundarlo en la verdad, edificarlo sobre la justicia y vivificarlo por el amor. Pero debe encontrar en la libertad un equilibrio cada día más humano. Para cumplir todos estos objetivos hay que proceder a una renovación de los espíritus y a profundas reformas de la sociedad. El Espíritu de Dios, que con admirable providencia guía el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra, no es ajeno a esta evolución. Y, por su parte, el fermento evangélico ha despertado y despierta en el corazón del hombre esta irrefrenable exigencia de la dignidad.
Es propio de la persona humana el no llegar a un nivel verdadera y plenamente humano si no es mediante la cultura, es decir, cultivando los bienes y los valores naturales. Siempre, pues, que se trata de la vida humana, naturaleza y cultura se hallen unidas estrechamente. Con la palabra cultura se indica, en sentido general, todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el género humano. De aquí se sigue que la cultura humana presenta necesariamente un aspecto histórico y social y que la palabra cultura asume con frecuencia un sentido sociológico y etnológico. En este sentido se habla de la pluralidad de culturas.
Estilos de vida común diversos y escalas de valores diferentes encuentran su origen en la distinta manera de servirse de las cosas, de trabajar, de expresarse, de practicar la religión, de comportarse, de establecer leyes e instituciones jurídicas, de desarrollar las ciencias, las artes y de cultivar la belleza. Así, las costumbres recibidas forman el patrimonio propio de cada comunidad humana. Así también es como se constituye un medio histórico determinado, en el cual se inserta el hombre de cada nación o tiempo y del que recibe los valores para promover la civilización humana .
Hay que armonizar diferentes valores en el seno de las culturas
Por las razones expuestas, la Iglesia recuerda a todos que la cultura debe estar subordinada a la perfección integral de la persona humana, al bien de la comunidad y de la sociedad humana entera. Por lo cual es preciso cultivar el espíritu de tal manera que se promueva la capacidad de admiración, de intuición, de contemplación y de formarse un juicio personal, así como el poder cultivar el sentido religioso, moral y social. Porque la cultura, pro dimanar inmediatamente de la naturaleza racional y social del hombre, tiene siempre necesidad de una justa libertad para desarrollarse y de una legítima autonomía en el obrar según sus propios principios. Tiene, por tanto, derecho al respeto y goza de una cierta inviolabilidad, quedando evidentemente a salvo los derechos de la persona y de la sociedad, particular o mundial, dentro de los límites del bien común.
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