Educación

La hora de la Verdad

Por: Alexander Cardona

Finaliza el primer semestre de este año un curso, con la alegría, y satisfacción propia para quien ha dado lo mejor de sí mismo, así como la tristeza para quien descubre que no rindió, no dio, lo mejor de sí mismo, tal vez no se exigió, y fue mediocre. Y resulta profundamente punzante ver que han perdido tiempo valioso en su crecimiento intelectual y personal, y a veces no queda más remedio para algunos que inculpar a los otros, en éste caso a los docentes, de todas sus tragedias. -Pues, es más simple hacer esto que asumir mi responsabilidad-.

Son las ambivalencias y paradojas de la vida, quienes dan todo de sí, por alcanzar la meta anhelada, y quienes no se interesan por alcanzar ninguna meta, aunque en últimas no quieren perder su año.

Sin incurrir en reduccionismo, ni totalitarismo, quisiera leer esta realidad desde el vector de la ética, -que ciertamente no es el único-, pero implica, incide y tiene que ver con todo el ser y quehacer del hombre.

Desde la libertad, desde ésta hermosa y terrible realidad, podemos entender lo
que bien han dicho los pensadores, el hombre es el producto de sus decisiones,
de sus determinaciones, es decir, de la posibilidad de elegir, de ser o no
ser.

Elegir,dar, comprometerse, ser responsable, justo, equitativo, ponderado en mis apreciaciones, propositivo, prospectivo, responsable, leal, honesto, querer ir más allá. O Ser mezquino, criticón, conflictivo, desinteresado, negativo, sombrío, y experto en generar un mal ambiente de trabajo, ser hipócrita o no serlo, es una elección que le corresponde a cada quien. La grandeza y la miseria que reside en cada ser humano.

La sociología hoy sostiene que el sujeto es condicionado por el entorno y a su vez el entorno es condicionado por el sujeto. Si aplico este presupuesto a esta experiencia de la educación, puede resultar cierto, en el caso de algunos perezosos, o -descomplicados como dicen llamarse los unos a los otros-, se amparados los unos en los otros para no querer hacer, y ser lo que ellos quieren: nada. Convirtiéndose de esta manera en un paradigma nocivo, no conveniente, negativo para los grupos. Como aquella manzana podrida que daña a las demás.

Asimismo, la psicología evolutiva argumenta que son procesos propios de cada ser humano, etapas, periodos, que se han de vivir y respetar, pues ayudan al libre desarrollo de la personalidad. Visto de esta manera, suena muy permisivo. Yo digo si y no, si es una etapa, pero no sólo eso, y no se trata de sicologizarlo todo, sino de comprender y asimilar que hay que exigirse a si mismo, responder desde los valores, cambiar, comprender claro está al otro, pero interpelarlo, guiarlo, ayudarle a crecer, y mejorar en todos los sentidos.

La antropología dice que el ser humano es un enigma, ambiguo, complejo, que lo cierto es que no sabemos realmente muchas cosas sobre él, sobre quién es, de dónde viene o hacia dónde va. También es cierto, si matizo un poco esta afirmación, que hay que decir que cada ser humano es condición de posibilidad para mejorar, corregir, autodeterminarse, optar, replantear, enmendar, reconocer las faltas, ser ejemplo, buscar, crear, soñar, ser. Que triste resulta ser igual con el paso del tiempo, y que al final del ocaso descubramos que nunca cedimos, reconsideramos o mucho peor que nos equivocamos, y lo más doloroso y bárbaro, es que así hay muchos hombres y mueren como viven. ¿Qué se necesita para que un hombre cambie? Lo que quiero decir, es que no se trata de quedarse en la idea que así somos inconclusos, inacabados, misterio, no es sólo eso.

Bueno y también podemos acudir a los argumentos económicos, a las limitaciones, las adversidades, a la recesión, a la pobreza material, la falta de oportunidades, los salarios, la corrupción, y a los profundos desequilibrios sociales donde pocos son ricos y muchos pobres, y quedarse en la mirada pobre de que así ha sido, a si es, y a siempre será. No lo creo. Creo que con esfuerzo las cosas, las personas, las circunstancias pueden cambiar, a pesar los pesares, a pesar de que viento sople en contra, la adversidad se puede convertir en una fortaleza, y muchas personas en condiciones más difíciles, han llegado donde han soñado, y querido. Por eso, una visión economisista, es una visión limitada del hombre y su quehacer.

Es cierto que esta realidad puede ser leía desde múltiples ángulos, y aristas. Es más podemos recurrir a los modelos pedagógicos, a la educación en primera, segunda, y tercera persona, que últimas sólo busca que el alumno aprenda, no a la manera bancaria, o acumulativa, es decir, sólo es sabio quien puede acumular un sinnúmero de conocimientos que pueden o no ser operativizados. De lo que se trata es de saber vivir, de aprender a vivir bien, y no como lo entienden algunas personas en el mundo hoy, es decir, se trata de aprender a decir si o no, a mantenerse firme en las convicciones, a ser, y optar por lo que nos conviene de acuerdo con nuestro proyecto de vida.

La historia nos ha enseñado que podemos aprender de nuestros errores, que no
debemos repetir algunas historias, que tenemos el presente, el hoy, la
hodiernidad, para ir lentamente construyendo el futuro, ya el tiempo sigue
siendo un instante indivisible e implacable que pasa.

No todo hoy depende de la genética, de la ingeniería molecular, de los asombrosos avances de la tecnología. La ciencia no tiene la última palabra, no tiene todas las respuestas, no es perfecta, y aunque logró demostrarnos que en la vida se puede cristalizar las ideas, que los sueños, los experimentos, las disquisiciones, se pueden materializar y hacerlas reales, también logró demostrar que necesita ser circunscrita al bien, a lo recto, al bien común, al querer de Dios.

La ética es y seguirá siendo un criterio de verdad, una verdad, que orienta el caminar del hombre, el gobernante, y la nación que así lo quiera. Si hay algo que esta claro hoy es que los criterios de la teología moral, justicia, verdad, solidaridad, subsidiariedad, bien común, al igual que el presupuesto de la equidad canónica, que son criterios emanados del Evangelio, son válidos, vigentes y tienen mucho que decirle a este hombre colombiano, bogotano, y posmoderno.

La fe ilumina la academia, y la academia a la fe, es verdad, queremos formar, orientar, construir, corregir desde los valores cristianos y desde la ética civil a los hombres de hoy, al presente de la sociedad, a la juventud donde reside muchas de las esperanzas de los conglomerados sociales y de nuestra Iglesia católica. Que Dios nos ayude a hacerlo con idoneidad y altura, amor y misericordia.












No hay comentarios: